Museo del Videojuego Arcade en Ibi, Alicante

El pasado Sábado 11 de Julio de 2026, durante unas vacaciones de desconexión, hice una visita al Museo del Videojuego Arcade ubicado en Ibi, Alicante. No investigué nada, mi pareja me comentó que estaba y fuimos, de modo que no sabía qué esperar exactamente.


Pensaba en ver alguna máquina arcade, o quizás una especie de cronología con algunos ejemplares de exposición. Para mi sorpresa, encontré una cápsula del tiempo. Un oasis, paraíso, isla perdida en medio del mar.

Un paseo interactivo por el tiempo.

En la entrada, había 2 mesas enfrentadas con ordenadores antiguos a un lado, y ordenadores modernos al otro lado. Estaban encendidos, funcionando y podías tocarlos. Obviando a los niños que estaban jugando Fortnite en los ordenadores modernos, me acerqué a echar un vistazo a los vintage. Una imagen vale más que mil palabras.



Amstrad, Commodore, IBM, Apple (Power Macintosh G3), hasta Windows XP. Juegos simples de baloncesto, un Tetris que nunca había visto, Prince of Persia… Avanzando por la misma sala vi una arcade de Pacman, operativa, se podía jugar con ella. Aquí ya me explotó la cabeza, y tras unas partidas continué con la visita.



Para llegar a la segunda sala atravesamos un pasillo repleto de imágenes. Portadas de videojuegos antiguos por todas las paredes, y al salir…



Largos pasillos con recreativas funcionales, encendidas y preparadas para que jugaras con ellas. Recreativas incluso de japón, ya que las monedas que pedían marcaban Yenes. Solo que todas estaban liberadas y no era necesario introducir monedas.


El estar jugando ahí de pie, delante de una máquina. Las palancas, botones, sonido de las mismas. El ambiente, decenas de máquinas arcade sonando, el glorioso “ruido” de las personas hablando y jugando. Nada comparado con un emulador en casa.


Anemoia: Nostalgia por algo que no se ha vivido.

La sensación de estar en este museo me transportó a los años en que era pequeño, y había un Sega Park junto a unas salas de cine Ábaco, en el centro comercial La Rambla, en Cartagena


No pude vivir esa época como me hubiera gustado, ya que solo pasábamos por allí cuando íbamos al cine, pero recuerdo estar allí jugando a las recreativas, sobre todo a Crazy Taxi, una con un volante de camión y la de Time Crisis o Tekken. Por aquel entonces ni siquiera entendía bien los controles. Es una pena que todo aquello cerrase y se perdiera en el olvido, tanto en mi ciudad como en general.


La visita al museo me hizo recordar, y me provocó tristeza por no haber podido disfrutar de forma consciente de una época tan buena como fue la de las recreativas. Lugares de ocio y encuentro donde echar la tarde con amigos jugando.


Un paseo por la historia del videojuego, y el hardware que lo hacía posible.

No estoy nada puesto en tema hardware antiguo, tan solo me sonaban los equipos míticos que mucha gente nombra como Commodore, Amstrad, Atari o Spectrum, pero nada sobre el hardware que los mueve. Fue una experiencia bastante interesante y curiosa, que ojalá puedan vivir más jugadores.


Solo el pensar que en esos ordenadores se empezaba a programar, a crear videojuegos y jugarlos con lo que, a día de hoy, se consideran limitaciones de procesador, almacenamiento o lenguaje, es increíble.


Por no hablar de las consolas que hay expuestas como ZX Spectrum, Sega SG-1000, Family Computer Keyboard de Nintendo, NES de Nintendo.



PC Junior de IBM, Sega Saturn, Nintendo 64, micro ordenadores de 1985.




Un kit de desarrollo de PSP.



Una locura. Tengo 64 fotos + vídeos de esa visita, y me parecen pocas.


No trata solo de recordar, sino también de descubrir.

Me pregunto cuantas personas que se consideran jugadores, gamers, amantes de los videojuegos, no conocerán estos equipos. Cuántos nacieron y nacerán con una PS4, XBOX One, Nintendo Switch o una torre con un procesador i7, 16GB de RAM y 1TB SSD y no conocerán el pasado.


Museos como este no sirven solo para revivir la nostalgia de quien presenció la época, sino también para aprender y satisfacer la curiosidad de quienes no conocían este mundo. Por eso es importante preservar la historia, y aplica también a la historia del videojuego.



El valor del recuerdo y el oro por perder.

Para terminar, quiero hacer hincapié en la importancia de este tipo de museos, ya que las recreativas fueron mucho más que “máquinitas” para pasar el rato. Eran una forma de jugar, socializar y una forma de vida con el videojuego. Este lugar preserva esa esencia, esa memoria y recuerda los inicios de una de las industrias más grandes e importantes de la actualidad.



Sin duda esto lleva a pensar en Sony y su noticia sobre el fin del formato físico en 2028. Ya se perdió una generación, una parte importante de los videojuegos y la forma de vivirlos, y el anuncio del final del formato físico de forma oficial y permanente me instala la preocupación en el cuerpo.


No es solo “dejar de producir discos y ahorrar costes”, es perder el mercado de segunda mano, perder la posibilidad de compartir tus juegos con amigos o familiares, perder el llevarte un juego a casa de un amigo para jugar o que lo pruebe, dar el monopolio del precio directamente a Sony para que marque todos los límites, márgenes y campo de los jugadores. No es algo que se pueda tratar a la ligera, y de la manera en que lo está haciendo.


Es importante preservar, proteger, y cuidar la industria que representa desde un simple hobby o punto de escapatoria para algunos, hasta el amor y estilo de vida de otros.


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